Este creepypasta lo escribí yo y está basado en un hecho real.
Hace unas semanas, como buen budista que soy, fui de viaje al Tíbet con
unos compañeros. Escalamos aquellas gélidas y rocosas montañas hasta
terminar encontrándonos con una especie de templo perdido entre las
nevadas. Nos metimos dentro, ligeramente extrañados, pues dicho sitio no
venía marcado en los mapas, y allí nos encontramos con lo que parecía
un anciano ermitaño. Tenía el pelo y las uñas muy largos y vestía de
forma humilde, pero nos hizo pasar igualmente y nos ofreció té. Nos
habló largamente sobre la vida y sobre cuestiones existenciales y, de
pronto, al observar las llamas de la chimenea, murmuró algo como “¡vais a
morir todos de formas horribles y muy dolorosas! ¡AAAAH!” y comenzó a
echar espuma por la boca mientras temblaba compulsivamente. Esto nos
pareció un tanto extraño, pero no le dimos mayor importancia y nos fuimos a
dormir.
A la mañana siguiente, nuestro anfitrión nos despidió con cortesía,
aunque percibimos que por algún motivo estaba inquieto. Antes de que
saliésemos por la puerta, me agarró del hombro y me tendió un CD.
“Toma”, me dijo.”El destino te ha elegido para llevar esta carga
contigo. No subestimes su contenido, pues no es un mero videojuego; tu
alma y tu cordura son las que están en juego. Si tienes problemas con la
instalación o con el crack, envíame un email a
ermitaño_misterioso666@hotmail.com, o sino agrégame a facebook.”
Y dichas estas palabras, se perdió entre la penumbra del cuarto.
A los pocos días volví a casa y, agotado por el viaje, prendí el
ordenador que tengo. Entonces me acordé del CD que el anciano me había
dado y rápidamente lo recuperé de mi maleta de viaje, todo lleno de
curiosidad por lo que contenía. Pronto pude observar que se trataba del
videojuego “Aprende con los Lunnis” y, muy ilusionado por ser
este uno de los protagonistas de mi feliz infancia, me puse a
instalarlo.
Así como lo abrí me salió la ventana de instalación, y le di a siguiente
a todo y todo fue normal hasta el momento en que empezó la instalación.
Fue entonces cuando el comienzo de una terrible pesadilla dio lugar.
Se abrió una ventana que ponía algo así como “error. El archivo
2x0000013948328239fasfjasfsakfdjlask no ha sido encontrado”. Extrañado
por esto, y ligeramente asustado, pues se trataba de un juego muy
sencillo que apenas llegaba a los dos megas, volví a comenzar la
instalación. Y una vez más, me salió la maldita ventana. Esta vez di un
brinco en la silla y un perturbador escalofrío me recorrió la espalda.
Cerré rápidamente la ventana y abrí el Google Chrome, y una vez allí, me
puse a hacer lo que cualquier persona haría de estar en mi lugar:
buscar ayuda en yahoo answers.
Pronto di con alguien que se encontraba en la misma situación que yo. El
tipo parecía estar muy asustado a juzgar por sus palabras, pues
escribía sin usar ni comas, ni puntos, ni signos de interrogación; se
comía casi todas las vocales, usaba tantas redundancias que resultaba
ridículo leerlo y sus faltas ortográficas rayaban lo absurdo. Pero lo
peor de todo era que escribía todo en mayúsculas. Noté como un sudor
frío me bajaba por la frente. ¿Qué extraña maldición encerraba aquel
videojuego? La pregunta me inquietaba.
Encontré a alguien que había respondido productivamente dando
instrucciones de como arreglar el juego. Al parecer, había que descargar
una serie de actualizaciones, archivos y programas para hacerlo
funcionar. Así lo hice yo y, una vez todo preparado, y no sin falta de
miedo, decidí volver a intentar abrirlo.
Grave error. Esta vez la pantalla se quedaba toda negra así como el
juego iniciaba. Al principio no me pareció extraño, pero luego esperé, y
esperé, y esperé, y estuve tanto tiempo ahí sentado, mirando a la
pantalla, que incluso me percaté de lo sucia que la tenía y me dispuse a
limpiarla. Y aún una vez que hice esto, el juego seguía sin arrancar.
Se quedaba ahí, con esa profunda negrura, tenebrosa como un pozo
siniestro, sin dar señal alguna de vida.
Terminé por entrar en pánico y, ya harto de aquello, me atreví incluso a
darle a ALT+F4 para cerrar la ventana. Pude sentir como un nudo en la
garganta cuando, después de hacer esto diez veces, el juego seguía sin
responder, ahí anclado en aquella pantalla negra. Le di a la tecla de
inicio, a ESC, a CTRL+ALT+SUPR; lo intenté todo, pero nada ocurría. Fue
entonces cuando perdí los estribos y decidí apagar el ordenador.
Luego, temblando de pies a cabeza, me fui a la cama para pasar una noche llena de pesadillas e insomnio.
Así pasaron los días hasta que me volví a acordar del juego. Una vez
más, busqué ayuda en Internet y, obviamente, la hallé. Al parecer
necesitaba instalar un programa relacionado con los gráficos o algo así;
total, que lo terminé haciendo y me metí a jugar, esta vez ya
prevenido, aunque no por ello falto de temor.
Esta vez no hubo ventana de error ni pantalla negra; para mi sorpresa,
el juego arrancó bien y funcionó como era de esperar. Pasaron unos
minutos y pude disfrutar de este gran clásico. Fueron los últimos
minutos de alegría en mi vida; lo que vino de ahí en adelante fue el
infierno mismo.
El juego dio un pantallaza a windows. Así, sin más. Estaba jugando
tranquilamente y, de un segundo para otro, me encontraba en el
Escritorio, sin ningún tipo de explicación. Volví a arrancar el juego, y
hasta en cinco ocasiones más, este me mandó de vuelta al Escritorio.
Recuerdo que grité, grité mucho y golpee el teclado, e incluso lloré sin
darme cuenta; le di patadas al ordenador y maldije a todo lo que se
puede maldecir. Pasaron horas y mis compañeros de piso me encontraron en
ese estado, con un ataque de ansia muy fuerte. Me llevaron al hospital y
tuve que estar ahí metido unos cuantos días para poder recuperarme.
Antes de volver a casa, el médico me aconsejó que, fuera lo que fuese lo
que había hecho para terminar así, que evitara hacerlo de nuevo. Yo
asentí y le di las gracias, pero lo cierto es que no tenía la más mínima
intención de cumplir mi promesa. Ya no tenía forma de escapar de
aquello. El anciano me lo había advertido en el templo, debí haberle
hecho caso y abandonado aquella locura hacía mucho tiempo, pero ahora,
aquel juego era algo personal.
Llegué a casa, dispuesto a terminar con todo, a hacer lo que hiciese
falta; a enfrentarme mismamente a la muerte, o al demonio, o lo que
fuese que era aquello. Encendí el ordenador e introduje el CD. Y, con un
gran nudo en el corazón, sabiendo que quizás aquello fuese lo último
que hiciese con vida, me puse a jugar.
Las consecuencias fueron nefastas, y todavía en este momento estoy dando
gracias de no haber terminado peor que muerto ante los horrores que
vinieron a continuación. Esta vez, al arrancar el juego y pasar unos
minutos, el programa no saltó al Escritorio; esta vez dio un pantallaza
azul en donde se veían letras y números escritos de color blanco. El
panorama era atormentador.
Solo pude soportarlo unos momentos, y es por eso que sigo vivo, pero por
lo que conseguí leer, windows tenía un error y tuvo que cerrarse. Ya
sin fuerzas en el cuerpo, apagué rápidamente el ordenador y me tiré al
suelo, acurrucado en posición fetal y llorando. Pedía perdón y piedad en
voz alta, con la esperanza de que el monstruo, el demonio o cualquiera
que fuera la ente que me estaba torturando, me pudiese oír y apiadarse
de mí.
Ahora mismo estoy escribiendo esto desde un cíber y, ya para finalizar
este horrible y trágico relato, diré cual fue la respuesta de este ente:
ninguna. No recibiré ningún tipo de piedad. Mi único destino ahora es
volver a mi casa, encender el ordenador, abrir el juego y… acarrear con
las nefastas consecuencias.
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domingo, 29 de julio de 2012
Creepypastas, funnypastas, cualquier cosa sobre estos relatos internautas.
He decidido dedicarme a publicar estos relatos que tan de moda se están poniendo en internet. Ya sean aquellos que más me gustan, aquellos que yo mismo he escrito, o aquellos que sean los más curiosos.
Para los que no sepáis lo que es un Creepypasta, cabe aclarar que son unos relatos de terror que la gente publica por internet de forma anonima, bajo un nickname o lo que sea. Suelen estar muy relacionados con la cultura popular actual, girando sus argumentos muy a menudo en torno a leyendas de internet, series de la infancia de las generaciones de los 90 o así, videojuegos, imágenes que circulan por la red, etc. Algunos son muy originales y realmente consiguen dar miedo; otros, la inmensa mayoría, son escritos por esa masa de gente que anda por los foros o youtube, normalmente niños que apenas saben escribir y que saturan la red con sus odiosos relatos muy poco originales, casi parodias de los que realmente tienen calidad.
Pero bueno, esto es lo que voy a hacer nuevamente, espero a alguien le guste.
Para los que no sepáis lo que es un Creepypasta, cabe aclarar que son unos relatos de terror que la gente publica por internet de forma anonima, bajo un nickname o lo que sea. Suelen estar muy relacionados con la cultura popular actual, girando sus argumentos muy a menudo en torno a leyendas de internet, series de la infancia de las generaciones de los 90 o así, videojuegos, imágenes que circulan por la red, etc. Algunos son muy originales y realmente consiguen dar miedo; otros, la inmensa mayoría, son escritos por esa masa de gente que anda por los foros o youtube, normalmente niños que apenas saben escribir y que saturan la red con sus odiosos relatos muy poco originales, casi parodias de los que realmente tienen calidad.
Pero bueno, esto es lo que voy a hacer nuevamente, espero a alguien le guste.
viernes, 27 de julio de 2012
Rememorando la trilogía de "El Caballero Oscuro".
Bueno, después de una corta ausencia, vuelvo a ponerme al mando de las teclas y, aprovechando que recientemente se ha estrenado "The Dark Knight Rises", me gustaría volver la mirada atrás para hablar un poco sobre una de las sagas más vanagloriadas de la actualidad: La leyenda de El Caballero Oscuro. Para evitar spoilear a mis muy fervientes y numerosos lectores, no me meteré en detalles sobre la última película en cuestión, que aun acaba de salir del horno, pero sí soltaré algún que otro detalle sobre las otras dos.
Y bien, empecemos; ¿qué es TDK? Os lo voy a decir ahora mismo, amigos. Son unas película de superhéroes, concretamente, de Batman, ese hombre gay vestido con una capa y una careta de murciélago del que tanto nos reíamos en los años 60 y algo, con esa serie tan ingeniosa (y gay) que a día de hoy ya ha pasado a formar parte de la cultura popular. Pero la cuestión no es esa, sino... ¿hará lo mismo TDK? No, no digo ser gay, digo pasar a la historia como una de las mejores películas no solo del género, sino de la historia del cine. Yo digo: la historia se escribe por lo que digan las masas, no por lo que una cosa es o deja de ser. Y si una cosa tiene TDK es una legión de fans que etiquetarán de perfume los pedos de Cristopher Nolan.
Eso es lo que siempre ha sido la saga de ese hombre murciélago que revivió Nolan: una frikada disfrazada del nuevo "El Padrino", todo ello para ir acorde con los gustos de las nuevas generaciones. ¿Las masas están aburridas de las infantiladas y las fantasmadas? Pues le damos otro enfoque. Esa es la esencia de Batman y no hay mucho más que entender. En El Caballero Oscuro, cierto es que teníamos algunos diálogos interesantes sobre cuestiones éticas, con un Jocker cagando a palos hasta la última definición de democracia (y curiosamente Batman y Gordon confirmando sus palabran con ese acto de la última escena), pero eso no significa que la intención de Nolan fuese desde un principio criticar el sistema social de la actualidad ni nada por el estilo (aunque presuma mucho de hacerlo); la verdadera esencia de estas películas es sencilla y llanamente una historia sobre un superhéroe, perteneciente a un género dirigido humildemente para adolescentes y poco más. Están adaptadas a las exigencias del público actual, aparentando poseer una complejidad que no tienen, pero eso no las convierte en mejores al resto. TDK, la de mayor calidad de las tres, no es Watchman, y desde luego, esta tercera secuela tampoco lo es.
Con todo esto no digo que sean películas malas; al contrario, para mi son buenísimas, la segunda marcó mi adolescencia con esas escenas tan míticas que perdurarán en la historia, y la primera fue bastante revolucionaria en su estética; y esta tercera a sido trágica, decadente y apocalíptica desde el primer trailer, el primer segundo de película y lo fue hasta el último. Una triología redonda, cierto, pero no por eso vamos a chuparnos las pollas como si estuviésemos ante el nuevo El Padrino, pues ninguna de las tres son Watchmen; al menos para mí, solo son películas de superhéroes un poco más originales que la mayoría. Podemos compararlas con James Bond, si os complace, pero más de ahí no es ni necesario ni justo.
En resumidas cuentas, cada una de ellas cuenta lo que viene en los comics pero dándole un fondo más humano para reparar un poco el cáncer que sufrió este superhéroe en "Batman Forever" y "Batman&Robin"; en "Batman Begins" parece que se explora el viaje interior de un hombre corriente para intentar hacer el bien que las meras leyes de los mortales no consiguen satisfacer (osea, un gran blablabla para ponerle capa y careta a Cristian Bale). En esta primera entrega, Batman parece menos esbelto y más gordo a como sería en las siguientes películas, muy por ciertamente.
La segunda, ya menos descarada, abandona ese rollo psicológico y filosófico para meterse un poco en lo ético, y en general aquí ya adquiere un toque realmente profundo y no simplemente pretencioso, motivo por el cual es tan afamada y la mejor. Parte de esta fama es debido a que la película se acerca más a un thriller policiaco que a una de superhéroes, y el Jocker se merienda a Batman mientras se ríe en la cara de Harvey Dent.
Y la tercera es mas de lo mismo que la primera pero en lugar de ser el origen es el final, con un climax en el cual no me he corrido y una última escena que trata de compensar esto pero que no lo hace, aunque al menos finaliza la saga con mucha dignidad y manteniendo ese tono decadente que tanto ha caracterizado a la película.
Cada una con sus ingredientes, con sus adornos como si de un árbol de navidad fueran, ni más ni menos.
Pero en definitiva, pienso que si una historia sobre un niño de treinta años que viaja por una galaxia luchando con un tubo fluorescente en las manos ha conseguido mitificarse tanto, ¿por qué no iba esta trilogía a hacer lo mismo? Al fin y al cabo, o mueres como una película de culto, o vives lo suficiente para verte convertida en una pelicula palomitera.
Y bien, empecemos; ¿qué es TDK? Os lo voy a decir ahora mismo, amigos. Son unas película de superhéroes, concretamente, de Batman, ese hombre gay vestido con una capa y una careta de murciélago del que tanto nos reíamos en los años 60 y algo, con esa serie tan ingeniosa (y gay) que a día de hoy ya ha pasado a formar parte de la cultura popular. Pero la cuestión no es esa, sino... ¿hará lo mismo TDK? No, no digo ser gay, digo pasar a la historia como una de las mejores películas no solo del género, sino de la historia del cine. Yo digo: la historia se escribe por lo que digan las masas, no por lo que una cosa es o deja de ser. Y si una cosa tiene TDK es una legión de fans que etiquetarán de perfume los pedos de Cristopher Nolan.
Eso es lo que siempre ha sido la saga de ese hombre murciélago que revivió Nolan: una frikada disfrazada del nuevo "El Padrino", todo ello para ir acorde con los gustos de las nuevas generaciones. ¿Las masas están aburridas de las infantiladas y las fantasmadas? Pues le damos otro enfoque. Esa es la esencia de Batman y no hay mucho más que entender. En El Caballero Oscuro, cierto es que teníamos algunos diálogos interesantes sobre cuestiones éticas, con un Jocker cagando a palos hasta la última definición de democracia (y curiosamente Batman y Gordon confirmando sus palabran con ese acto de la última escena), pero eso no significa que la intención de Nolan fuese desde un principio criticar el sistema social de la actualidad ni nada por el estilo (aunque presuma mucho de hacerlo); la verdadera esencia de estas películas es sencilla y llanamente una historia sobre un superhéroe, perteneciente a un género dirigido humildemente para adolescentes y poco más. Están adaptadas a las exigencias del público actual, aparentando poseer una complejidad que no tienen, pero eso no las convierte en mejores al resto. TDK, la de mayor calidad de las tres, no es Watchman, y desde luego, esta tercera secuela tampoco lo es.
Con todo esto no digo que sean películas malas; al contrario, para mi son buenísimas, la segunda marcó mi adolescencia con esas escenas tan míticas que perdurarán en la historia, y la primera fue bastante revolucionaria en su estética; y esta tercera a sido trágica, decadente y apocalíptica desde el primer trailer, el primer segundo de película y lo fue hasta el último. Una triología redonda, cierto, pero no por eso vamos a chuparnos las pollas como si estuviésemos ante el nuevo El Padrino, pues ninguna de las tres son Watchmen; al menos para mí, solo son películas de superhéroes un poco más originales que la mayoría. Podemos compararlas con James Bond, si os complace, pero más de ahí no es ni necesario ni justo.
En resumidas cuentas, cada una de ellas cuenta lo que viene en los comics pero dándole un fondo más humano para reparar un poco el cáncer que sufrió este superhéroe en "Batman Forever" y "Batman&Robin"; en "Batman Begins" parece que se explora el viaje interior de un hombre corriente para intentar hacer el bien que las meras leyes de los mortales no consiguen satisfacer (osea, un gran blablabla para ponerle capa y careta a Cristian Bale). En esta primera entrega, Batman parece menos esbelto y más gordo a como sería en las siguientes películas, muy por ciertamente.
La segunda, ya menos descarada, abandona ese rollo psicológico y filosófico para meterse un poco en lo ético, y en general aquí ya adquiere un toque realmente profundo y no simplemente pretencioso, motivo por el cual es tan afamada y la mejor. Parte de esta fama es debido a que la película se acerca más a un thriller policiaco que a una de superhéroes, y el Jocker se merienda a Batman mientras se ríe en la cara de Harvey Dent.
Y la tercera es mas de lo mismo que la primera pero en lugar de ser el origen es el final, con un climax en el cual no me he corrido y una última escena que trata de compensar esto pero que no lo hace, aunque al menos finaliza la saga con mucha dignidad y manteniendo ese tono decadente que tanto ha caracterizado a la película.
Cada una con sus ingredientes, con sus adornos como si de un árbol de navidad fueran, ni más ni menos.
Pero en definitiva, pienso que si una historia sobre un niño de treinta años que viaja por una galaxia luchando con un tubo fluorescente en las manos ha conseguido mitificarse tanto, ¿por qué no iba esta trilogía a hacer lo mismo? Al fin y al cabo, o mueres como una película de culto, o vives lo suficiente para verte convertida en una pelicula palomitera.
miércoles, 18 de julio de 2012
Odio la realidad.
Hola, soy yo, el emo. Odio mi vida.
Después de un par de días en el hospital por el tema de cuando me encerraron en una jaula (mirad la entrada de abajo), vuelvo a colarme aquí, al blog de mi amor platónico CaP, para ejemplificaros la mala intención que el caótico destino tiene para con nosotros, los humanos.
Ayer cagué verde. Llamé a mi buen amigo CaP para que se pasara por mi casa y pudiéramos hablar del tema, pero me dijo que en ese momento estaba ocupado salvando a niños somalíes y que no volvería en tres años. Achaqué la extraña tonalidad de mis excrementos a mis muchos intentos de volverme bohemio tomando absenta y salí sin más a esta mierda de vida.
Como no tengo estudios al abandonar por mi propia voluntad el instituto cuando unos compañeros de aula me rompieron el cráneo, decidí dedicar este banal día a buscar trabajo. Empecé llendo por el Burguer King, lugar en donde no importa que seas borde con los clientes, pero al explicarle a la encargada el motivo por el que requería ese puesto, le empecé a hablar sobre la triste realidad en la que existimos y terminó por llamar a la policía por acoso o algo así. Salí de allí corriendo tan rápido como la vez en que fui a ver Crepúsculo y terminé en un supermercado de cuyo nombre prefiero no acordarme.
Allí me ofrecieron trabajo como reponedor, y hubiese estado en ese puesto mucho tiempo de no ser porque me enamoré de un amigo que allí conocí. Me desnudé ante él (literal y figuradamente) en un momento en que fuimos a tomar la merienda, y él también llamó a la policía, para mi desdicha y mi ya muy destrozado corazón negro. Salí corriendo, sin tiempo siquiera a ponerme la ropa, y hubiese llegado a salvo a casa de no ser porque quedé encerrado en una jaula para perros, otra vez, al intentar atrapar una jeringuilla con veneno, que también era falsa.
Por suerte, mi jefe del supermercado, que es un hombre bueno y compasivo, siguió las huellas de patetismo que fui dejando y me encontró en la jaula y, tras librarme de los gamberros sin sesos ni personalidad que allí me encerraron, me consintió seguir trabajando en su supermercado.
-Tengo un hijo retrasado. Sería un hipócrita de no hacerlo.-me respondió cuando le pregunté del motivo de su generosidad.
Ahora trabajo como cajero, pues mi jefe no podía tolerar que volviera a mi antiguo puesto sabiendo lo que sentía por mi compañero. Soy el único hombre que trabaja de cajero en toda Galicia, pues es un trabajo reservado para mujeres, pero tanto me da. A veces mis compañeras me esconden el traje y tengo que llevar otro que tiene cosido el nombre de una tal "Inés". La gente del barrio me conoce ahora por ese nombre en lugar del que tengo en realidad. Pero tanto me da, pues he descubierto con claridad cuales son mis verdaderos sentimientos: amo a mi jefe, muy a pesar de la diferencia de edad y de rango.
Juro que algún día se lo confesaré y seremos felices juntos y trabajaré a sus órdenes muchos años y abandonaremos juntos este cruel mundo para ir a uno mejor.
Después de un par de días en el hospital por el tema de cuando me encerraron en una jaula (mirad la entrada de abajo), vuelvo a colarme aquí, al blog de mi amor platónico CaP, para ejemplificaros la mala intención que el caótico destino tiene para con nosotros, los humanos.
Ayer cagué verde. Llamé a mi buen amigo CaP para que se pasara por mi casa y pudiéramos hablar del tema, pero me dijo que en ese momento estaba ocupado salvando a niños somalíes y que no volvería en tres años. Achaqué la extraña tonalidad de mis excrementos a mis muchos intentos de volverme bohemio tomando absenta y salí sin más a esta mierda de vida.
Como no tengo estudios al abandonar por mi propia voluntad el instituto cuando unos compañeros de aula me rompieron el cráneo, decidí dedicar este banal día a buscar trabajo. Empecé llendo por el Burguer King, lugar en donde no importa que seas borde con los clientes, pero al explicarle a la encargada el motivo por el que requería ese puesto, le empecé a hablar sobre la triste realidad en la que existimos y terminó por llamar a la policía por acoso o algo así. Salí de allí corriendo tan rápido como la vez en que fui a ver Crepúsculo y terminé en un supermercado de cuyo nombre prefiero no acordarme.
Allí me ofrecieron trabajo como reponedor, y hubiese estado en ese puesto mucho tiempo de no ser porque me enamoré de un amigo que allí conocí. Me desnudé ante él (literal y figuradamente) en un momento en que fuimos a tomar la merienda, y él también llamó a la policía, para mi desdicha y mi ya muy destrozado corazón negro. Salí corriendo, sin tiempo siquiera a ponerme la ropa, y hubiese llegado a salvo a casa de no ser porque quedé encerrado en una jaula para perros, otra vez, al intentar atrapar una jeringuilla con veneno, que también era falsa.
Por suerte, mi jefe del supermercado, que es un hombre bueno y compasivo, siguió las huellas de patetismo que fui dejando y me encontró en la jaula y, tras librarme de los gamberros sin sesos ni personalidad que allí me encerraron, me consintió seguir trabajando en su supermercado.
-Tengo un hijo retrasado. Sería un hipócrita de no hacerlo.-me respondió cuando le pregunté del motivo de su generosidad.
Ahora trabajo como cajero, pues mi jefe no podía tolerar que volviera a mi antiguo puesto sabiendo lo que sentía por mi compañero. Soy el único hombre que trabaja de cajero en toda Galicia, pues es un trabajo reservado para mujeres, pero tanto me da. A veces mis compañeras me esconden el traje y tengo que llevar otro que tiene cosido el nombre de una tal "Inés". La gente del barrio me conoce ahora por ese nombre en lugar del que tengo en realidad. Pero tanto me da, pues he descubierto con claridad cuales son mis verdaderos sentimientos: amo a mi jefe, muy a pesar de la diferencia de edad y de rango.
Juro que algún día se lo confesaré y seremos felices juntos y trabajaré a sus órdenes muchos años y abandonaremos juntos este cruel mundo para ir a uno mejor.
viernes, 13 de julio de 2012
De momento hemos visto los trailers.
Esta película me tiene a mí y a todo el mundo cagados de la espera, y nos va apaleando con trailer tras trailer, cada uno más bueno y revelador que el anterior, poniéndonos los pelos de punta e, incluso, me atrevería a aventurar que a los más fanáticos les pone otra cosa de punta.
Cuando vi los dos o tres primeros trailers por primera vez, pensé que no llegaría a ser tan buena como su antecesora; al margen del hecho de que susodichos trailers solo muestran treinta segundos de la película o incluso menos, esa fue la sensación que tuve, pues motivos tengo para tener en tan alta estima a El Caballero Oscuro, la cinta que precede a esta. Aparte, la BSO, con ese extraño coro que parece que vienen los 300 espartanos a molernos a palos, pues como que no me pareció un efecto muy dramático precisamente.
Pero luego empezaron a revelarnos trailers de dos minutos y algo, trailers lentos, que mostraban pocas escenas. Una de Michael Cane hablando con Bale, otra de Catwoman amenazando a Bale, y luego otra en la que se ve un montón de caos, y así pasaban dos minutos más o menos sin que pudiésemos catar mucho. A este le siguió, creo recordar, aquel memorable trailer en que Jim Gordon, agonizando en una camilla de hospital, mantiene un emotivo diálogo con Bruce. Hoy en día, en donde los trailers tienen una gran relevancia para comercializar una cinta (recordad que hace pocos años con que una película sacara un trailer en los cines ya bastaba), estos primeros de El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace (ECOLLR, que sino hay que escribir demasiado) consiguieron transmitirnos un primer mensaje que se haría muy evidente en el resto de los trailers: la película se iba a decantar por la tragedia. Ya no tenemos a Harvey Dent con su "os prometo, está a punto de amanecer" o "mueres como un héroe, o vives lo suficiente para verte convertido en el villano". Aquí todo lo que revelan muestran caos, tristeza, agonía, todos los actores salen con caras de que le hubiesen matado al gato.
Y bueno, los trailers que vinieron a continuación siguieron por esta línea pero añadiéndole a la mezcla una fuerte dosis de épica. El coro de los 300 desaparece y ponen ya una BSO más chachi, a lo Retorno del Rey o las últimas de Harry Potter, y sucesiones rápidas de escenas de acción para que nuestro cuerpo empiece a segregar adrenalina. En conjunto, el resultado de estos trailers a conseguido poner el listón muy alto, altísimo, y dada la calidad de la anterior cinta, este listo todavía crece más si es que cabe.
Y ahora toca morderse las uñas hasta que llegue el 20 de Julio y podamos asistir al cine a verla, dejando las palomitas, la novia y cualquier otra distracción inútil en casa para poder catar, con mucho gusto, cada escena que Nolan nos ha preparado y con las que, seguramente, podamos cagarnos encima como si volviésemos a nacer. Falta poco, muy poco, solo seis días, seis días que seguramente vayan a ser muy largos y aburridos, pero que traerán un muy buen resultado (o eso esperamos todos).
Diálogo entre El Emo y yo.
Este es el diálogo con el que el emo y yo nos conocimos. Estábamos los dos esperando al autobús cuando nuestros destinos se cruzaron.
-Hola.-lo saludé yo amablemente al verlo ahí sentado con cara de triste.-Me llamo Diego, encantado.
-Hola.- me respondió él de mala gana.
-¿Te apetece un pitillo?-le pregunté ofreciéndole una cajetilla.
Él aceptó, pero, al abrirla, frunció el ceño.
-Está vacía.-me dijo.
-¿Ah si? Vaya, pues sí. Debió de cogérmelos el mendigo de esta mañana, junto con casi todo mi dinero.
El emo se sorprendió.
-¿Te robó un mendigo?
-No, me pidió limosna a puñetazos.
-Ah... vaya, que mal.
-Si, bueno, al menos esta vez no se quedó con mis zapatos.-dije yo lastimosamente.
-Parece que tienes una vida bastante triste.
-Nah.-repuse yo.-Podría ser peor. Al menos yo tengo dinero para que me roben. Algunos ni eso.
-¡Que optimista! ¿Acaso no aborreces la incertidumbre de la existencia y lo inútil que es buscar sentido en este caos de destino al que algún Dios malvado nos ha atado?
-Emmm... no.
-Pues entonces sí que eres afortunado.-asintió el emo.
-Si.-confirmé yo.-Y tengo curro y todo.
-¿Ah sí? ¿Y en qué?
-Pues tabajo en un sex shop homosexual.
El emo se me quedó mirando un tanto extrañado.
-¿Eso existe?
-Sí, es el único sitio donde me aceptaron, y porque no había nadie más dispuesto a hacer el trabajo.
-¿Qué eres, el dependiente, no? Eso no es tan duro.
-En realidad no soy el dependiente. Trabajo dándole publicidad al local yendo por ahí disfrazado y repartiendo folletos.
-Ah.-dijo el emo, y tras un corto silencio:-¿Y de qué vas disfrazado?
-Emmmm... bueno, y cuéntame, ¿tú tienes trabajo?
-Escribo poemas criticando el vació existencial que me asola por dentro.
-¿Qué pasa, tienes hambre?-dije yo en tono bromista y riendo.
El emo se me quedó mirando con un rostro severo, sin gracia ninguna, a lo que yo le dije:
-Era solo una broma. Si quieres puedes pegarme, ya estoy acostumbrado; pero trata de no darme en la boca, que tengo tres puntos en la lengua. Tampoco me des en la cabeza, ni en la ceja, ni en las costillas, que ya tengo muchas rotas; ni tampoco en la rodilla, o en los dedos de los pies, o en las nalgas, que ahí tengo la piel muy irritada por una infección que cogí de tantas chinchetas que me ponían en la silla; y por el amor de Dios, no me des en el pene, que la última vez casi lo pierdo, y me interesa mucho conservar esa parte.
Esto último pareció calmar al emo, que me dijo con desprecio:
-Eres pobre, débil y estúpido, no creo que ligues mucho aun teniendo pene.
-No te creas. Ligando es en lo único que tengo éxito. Las mujeres sienten pena por mí y se compadecen tanto que me acogen de buen grado entre sus brazos.
-Vaya, no lo había visto desde ese punto de vista...
-Sí, lo malo es que la relación no suele durar mucho porque se ponen dominantes y me adoptan como si fuese un gato.
-A mi no me importaría tener a alguien que me abrace y me entienda, y que se apiade de esta flecha extraviada que es mi vida.
-Ellas no me abrazaban ni nada, me obligaban a mí a hacerlo.
El emo se me quedó mirando de una forma penetrante y pensativa, y luego dijo:
-Oye, parece que tenemos bastante en común. ¿Qué te parece si nos vemos más a menudo?- me preguntó.
-Por mí bien. Pásate por el sex shop cuando quieras.
-Emmm... mejor dame tu número o así.
-De acuerdo.
Y así lo hice.
-Bueno, muchacho, ha sido un placer hablar contigo, pero me tengo que ir, que viene el autobús. Nos vemos.-me dijo el emo.
-Sí, bueno... oye, ¿no tendrás algo suelto para pagar el autobús? Llevo toda la conversación buscando el momento oportuno para pedírtelo...
-No hay problema, toma. No soy tan desconfiado como para pensar que has entablado conversación conmigo solo por eso.
-Jejeje....
Y así fue como el emo y yo nos conocimos, y más tarde él me habría de convertir en su mejor amigo e intentaría besarme, todo enamorado. Como me negué, ahora se pasea de vez en cuando por el blog contando sus penas.
-Hola.-lo saludé yo amablemente al verlo ahí sentado con cara de triste.-Me llamo Diego, encantado.
-Hola.- me respondió él de mala gana.
-¿Te apetece un pitillo?-le pregunté ofreciéndole una cajetilla.
Él aceptó, pero, al abrirla, frunció el ceño.
-Está vacía.-me dijo.
-¿Ah si? Vaya, pues sí. Debió de cogérmelos el mendigo de esta mañana, junto con casi todo mi dinero.
El emo se sorprendió.
-¿Te robó un mendigo?
-No, me pidió limosna a puñetazos.
-Ah... vaya, que mal.
-Si, bueno, al menos esta vez no se quedó con mis zapatos.-dije yo lastimosamente.
-Parece que tienes una vida bastante triste.
-Nah.-repuse yo.-Podría ser peor. Al menos yo tengo dinero para que me roben. Algunos ni eso.
-¡Que optimista! ¿Acaso no aborreces la incertidumbre de la existencia y lo inútil que es buscar sentido en este caos de destino al que algún Dios malvado nos ha atado?
-Emmm... no.
-Pues entonces sí que eres afortunado.-asintió el emo.
-Si.-confirmé yo.-Y tengo curro y todo.
-¿Ah sí? ¿Y en qué?
-Pues tabajo en un sex shop homosexual.
El emo se me quedó mirando un tanto extrañado.
-¿Eso existe?
-Sí, es el único sitio donde me aceptaron, y porque no había nadie más dispuesto a hacer el trabajo.
-¿Qué eres, el dependiente, no? Eso no es tan duro.
-En realidad no soy el dependiente. Trabajo dándole publicidad al local yendo por ahí disfrazado y repartiendo folletos.
-Ah.-dijo el emo, y tras un corto silencio:-¿Y de qué vas disfrazado?
-Emmmm... bueno, y cuéntame, ¿tú tienes trabajo?
-Escribo poemas criticando el vació existencial que me asola por dentro.
-¿Qué pasa, tienes hambre?-dije yo en tono bromista y riendo.
El emo se me quedó mirando con un rostro severo, sin gracia ninguna, a lo que yo le dije:
-Era solo una broma. Si quieres puedes pegarme, ya estoy acostumbrado; pero trata de no darme en la boca, que tengo tres puntos en la lengua. Tampoco me des en la cabeza, ni en la ceja, ni en las costillas, que ya tengo muchas rotas; ni tampoco en la rodilla, o en los dedos de los pies, o en las nalgas, que ahí tengo la piel muy irritada por una infección que cogí de tantas chinchetas que me ponían en la silla; y por el amor de Dios, no me des en el pene, que la última vez casi lo pierdo, y me interesa mucho conservar esa parte.
Esto último pareció calmar al emo, que me dijo con desprecio:
-Eres pobre, débil y estúpido, no creo que ligues mucho aun teniendo pene.
-No te creas. Ligando es en lo único que tengo éxito. Las mujeres sienten pena por mí y se compadecen tanto que me acogen de buen grado entre sus brazos.
-Vaya, no lo había visto desde ese punto de vista...
-Sí, lo malo es que la relación no suele durar mucho porque se ponen dominantes y me adoptan como si fuese un gato.
-A mi no me importaría tener a alguien que me abrace y me entienda, y que se apiade de esta flecha extraviada que es mi vida.
-Ellas no me abrazaban ni nada, me obligaban a mí a hacerlo.
El emo se me quedó mirando de una forma penetrante y pensativa, y luego dijo:
-Oye, parece que tenemos bastante en común. ¿Qué te parece si nos vemos más a menudo?- me preguntó.
-Por mí bien. Pásate por el sex shop cuando quieras.
-Emmm... mejor dame tu número o así.
-De acuerdo.
Y así lo hice.
-Bueno, muchacho, ha sido un placer hablar contigo, pero me tengo que ir, que viene el autobús. Nos vemos.-me dijo el emo.
-Sí, bueno... oye, ¿no tendrás algo suelto para pagar el autobús? Llevo toda la conversación buscando el momento oportuno para pedírtelo...
-No hay problema, toma. No soy tan desconfiado como para pensar que has entablado conversación conmigo solo por eso.
-Jejeje....
Y así fue como el emo y yo nos conocimos, y más tarde él me habría de convertir en su mejor amigo e intentaría besarme, todo enamorado. Como me negué, ahora se pasea de vez en cuando por el blog contando sus penas.
miércoles, 11 de julio de 2012
Diálogo entre George R.R. Martin y J.R.R. Tolkien
Muchos de vosotros conoceréis a estos dos escritos de fantasía épica. El primero, George R.R. Martin, es el autor de la saga Canción de Hielo y Fuego, de la que hay serie y todo, muy adictiva ella y los libros. Y el Otro es el genio indiscutible Tolkien, autor de El Señor de los Anillos, obra maestra del género y de una calidad que muy pocos libros poseen, muy conocida ella gracias a las películas.
Mucha gente las suele comparar; típica ya es la frase que dice que hay que colocar una a lado de la otra en la estantería; pues bien, me he puesto a suponer qué pasaría si estos dos mantuviesen un diálogo, y esto es lo que me ha salido:
-Hola y bienvenido, John Ronald... R. Tolkien.-empezaría Martin estrechándole la regordeta mano.
-Saludos, amigo.
Y sin más, Martin arranca con la conversación:
-Muchos piensan que nuestras obras no solo deberían compararse sino incluso igualarse en calidad. ¿Qué opinas tu?-pregunta con un tono pretencioso.
-Emmm...¿Quién eres?
-Pues... George R.R. Martin. Escribo fantasía épica, como tu.
-Se nota por las erres. ¿Y qué es lo que has escrito, mi buen amigo?
-Canción de Hielo y Fuego.
-¡Ah! Ya se cual es, la leí en el más allá. Me la recomendó Robert E. Howard, y me dio muy buena opinión por eso de la sangre y las escenas de mujeres desnudas. Me dijo que lleva toda la saga esperando a que haya capítulos desde el punto de vista de Gregor Clegane, la Montaña que Cabalga; o de su hermano, cuya moral le gusta más. Igualmente, no me agrada que comparen mi obra con ninguna otra. La última vez que lo hicieron, Clive Lewis terminó enfadado.
Martin se rie amistosamente.
-Cierto, cierto. De todas formas, a la gente le gusta mucho compararlas, pero bueno...-hace una pausa para toser y sudar.-Hay una pregunta que siempre te he querido hacer. Dime, ¿qué es lo que más te gustó escribir sobre tu magnífica obra?
-Siempre me gustó mucho la tradición nórdica y anglosajona, y crear un mundo inspirado en esas tradiciones, con sus propias culturas, lenguas, países, reinos y razas. En El Señor de los Anillos pretendo trasladar al lector a ese mundo lo mejor posible, partiendo de un viaje a través de él, de forma que pudiesen apreciar cada colina, cada árbol, cada castillo y cada canción que en él hay tal como lo hacía yo.
-Si, esa es la función del arte en mi opinión, transmitir lo mejor posible aquello que sientes (por eso todos los personajes de mi saga son por lo general tan frikis). Y sin duda tu lo has hecho de forma espectacular, por lo que dice la crítica. Por desgracia, el resto de gente opina que eso mismo es lo que la hace una obra pesada, densa y aburrida de leer. Por doquier los adolescentes (y no tan adolescentes), desprecian tus descripciones.
-¿Ah si? Que mal...
-Si, bueno. Yo aprendí de eso y pongo las menos posibles. Cuando me entra la vena de narrar un paisaje, meto un diálogo chistoso o una escena de sexo.
-Si, eso he notado. Me encantan los capítulos de Brienne y los de Bran, aunque odio los de Tyrion en su mayoría.
-Yo también. Tengo que estar horas pensando en diálogos ingeniosos y frases ocurrentes cada vez que escribo sobre él. A ver si lo mato pronto o algo.
-En Danza con Dragones está bien.
-Si, a mi también me gusta el relleno. Me gano el pan y la fama con él. Por cierto, ¿viste la serie de televisión?
-No me he muerto para ver la televisión, tengo cosas mejores que hacer.
-Vaya, ¿ni tampoco la has visto por internet?
Tolkien frunce el ceño extrañado.
-¿Inter... que?
-Es igual. Espero entonces que no te moleste que hayan hecho una triología cinematográfica de El Señor de los Anillos.
Tolkien asiente.
-Si, ya la vi. Supongo que están bien, aunque yo no le hubiese dado tanta importancia a la batalla en el abismo de Helm.
-Para mi fue una gran batalla. Tengo pensado escribir en mi próximo libro lo que yo titulo la Batalla de Hielo.-Martin hace una pausa dramática y se queda esperando a que Tolkien se sorprenda o algo.
Como no lo hace, continúa:
-Quisiera inspirarla un poco en la del abismo de Helm.
Tolkien suspira y se recuesta mejor en su sillón de nubes.
-No se, yo solo puse esa batalla como escusa para hablar sobre cuernavilla, sus cuevas y todo eso. Y también por su desenlace, con los Ucornos llendo al rescate de los hombres, así como Gandalf con el pueblo dividido de Rohan.
Martin se saca una libreta y empieza a anotar.
-Bajo... el Muro... hay cuevas... misteriosas... y unos nuevos... seres... místicos... salvan a la... Guardia de la Noche. Genial.-dice Martin mientras escribe.
-¡Vaya, que forma más extraña tienes de ser creativo!-exclama Tolkien sorprendido.
-Te sorprenderías más si vieses la tele. A la gente le encanta que andes siempre a vueltas y a sorpresas con el argumento. De hecho, muchos acusan a El Señor de los Anillos de ser demasiado lineal y simple, y poco original en el desarrollo de la trama.-dice Martin, a lo que Tolkien niega con la cabeza.
-Nunca pensé en darle importancia al argumento, solo quería que la gente disfrutara con como es la Tierra Media y su conflicto. Al princio solo servía de trasfondo histórico para la lengua élfica que había creado; tenía pensado que al final Saruman se quedara con el anillo. Cuando decidí escribir El Señor de los Anillos le puse final feliz.
-Grave error. Los finales felices ya están muy vistos; es mejor poner sangre por un tubo.
-Como la Boda Roja, ¿no?
-Eso es.-responde Martin levantando el pulgar.
-Bueno, en realidad yo también quería meter suspenso en la escena en que Boca de Sauron le enseña la cota de malla de Frodo a Gandalf, para que los lectores no supiesen si estaba vivo o muerto.
-Debiste haber puesto que enseñase una cabeza bañada en brea.
A Tolkien no le hace ninguna gracia, a lo que Martin responde:
-No, en serio, esas cosas les encanta a los chavales (y a los no tan chavales). Los tengo a todos pendientes de cada mínima frase que escribo.
-Me alegro mucho por tí. Y dime, que total estoy muerto y no gasto dinero comprando tus libros, ¿cómo tienes pensado terminar la saga?
Martin se ríe.
-No se, tenía pensado preguntártelo a tí. Solo tengo ideada la forma morbosa en que voy matar a los personajes más queridos.
Los dos se ríen.
-Yo haría que la Guardia de la Noche resista en una feroz batalla contra los Otros hasta que Daenerys venga y los salve por la retaguardia, cargando a golpe de caballería.-le sugiere Tolkien.
-Escriba lo que escriba van a comprar el libro en masa, igualmente. Tenía pensado jubilarme y contratar a un ejército de monos o algo para que me terminen la saga. Y ahora que lo pienso, no se está tan mal aquí en el cielo, así que le daré a tope al bacon.- comenta recostándose en la nube que tiene por sillón.
-Emmm... bueno, haz lo que quieras. ¿No disfrutas acaso con el simple hecho de escribir?
-Al principio si, pero me cargué a demasiado personajes en Tormenta de Espadas, cerré demasiadas tramas y ahora tengo que andar a reinventar la historia. Total, siete libros es mucho, yo solo quería hacer tres o cuatro al principio. Siete termina cansando.
-Estoy de acuerdo.
-Bueno, Tolkien, estoy seguro de que podríamos estar horas hablando, pero si algo nos ha enseñado El Señor de los Anillos con sus descripciones, es que a la gente no le gusta leer mucho (ni echarle imaginación a nada), y esta conversación va ser publicada en un blog.
-¿Un qué? Bueno, es igual; tienes razón. Quedé con Hitler en el infierno para hablar sobre los puntos buenos que tendría la sociedad de existir solamente la raza aria. Nos vemos, George R.R.... emmm...lo que sea, adiós.
-Adios. Puede que algún día volvamos a mantener un diálogo como este...
Mucha gente las suele comparar; típica ya es la frase que dice que hay que colocar una a lado de la otra en la estantería; pues bien, me he puesto a suponer qué pasaría si estos dos mantuviesen un diálogo, y esto es lo que me ha salido:
-Hola y bienvenido, John Ronald... R. Tolkien.-empezaría Martin estrechándole la regordeta mano.
-Saludos, amigo.
Y sin más, Martin arranca con la conversación:
-Muchos piensan que nuestras obras no solo deberían compararse sino incluso igualarse en calidad. ¿Qué opinas tu?-pregunta con un tono pretencioso.
-Emmm...¿Quién eres?
-Pues... George R.R. Martin. Escribo fantasía épica, como tu.
-Se nota por las erres. ¿Y qué es lo que has escrito, mi buen amigo?
-Canción de Hielo y Fuego.
-¡Ah! Ya se cual es, la leí en el más allá. Me la recomendó Robert E. Howard, y me dio muy buena opinión por eso de la sangre y las escenas de mujeres desnudas. Me dijo que lleva toda la saga esperando a que haya capítulos desde el punto de vista de Gregor Clegane, la Montaña que Cabalga; o de su hermano, cuya moral le gusta más. Igualmente, no me agrada que comparen mi obra con ninguna otra. La última vez que lo hicieron, Clive Lewis terminó enfadado.
Martin se rie amistosamente.
-Cierto, cierto. De todas formas, a la gente le gusta mucho compararlas, pero bueno...-hace una pausa para toser y sudar.-Hay una pregunta que siempre te he querido hacer. Dime, ¿qué es lo que más te gustó escribir sobre tu magnífica obra?
-Siempre me gustó mucho la tradición nórdica y anglosajona, y crear un mundo inspirado en esas tradiciones, con sus propias culturas, lenguas, países, reinos y razas. En El Señor de los Anillos pretendo trasladar al lector a ese mundo lo mejor posible, partiendo de un viaje a través de él, de forma que pudiesen apreciar cada colina, cada árbol, cada castillo y cada canción que en él hay tal como lo hacía yo.
-Si, esa es la función del arte en mi opinión, transmitir lo mejor posible aquello que sientes (por eso todos los personajes de mi saga son por lo general tan frikis). Y sin duda tu lo has hecho de forma espectacular, por lo que dice la crítica. Por desgracia, el resto de gente opina que eso mismo es lo que la hace una obra pesada, densa y aburrida de leer. Por doquier los adolescentes (y no tan adolescentes), desprecian tus descripciones.
-¿Ah si? Que mal...
-Si, bueno. Yo aprendí de eso y pongo las menos posibles. Cuando me entra la vena de narrar un paisaje, meto un diálogo chistoso o una escena de sexo.
-Si, eso he notado. Me encantan los capítulos de Brienne y los de Bran, aunque odio los de Tyrion en su mayoría.
-Yo también. Tengo que estar horas pensando en diálogos ingeniosos y frases ocurrentes cada vez que escribo sobre él. A ver si lo mato pronto o algo.
-En Danza con Dragones está bien.
-Si, a mi también me gusta el relleno. Me gano el pan y la fama con él. Por cierto, ¿viste la serie de televisión?
-No me he muerto para ver la televisión, tengo cosas mejores que hacer.
-Vaya, ¿ni tampoco la has visto por internet?
Tolkien frunce el ceño extrañado.
-¿Inter... que?
-Es igual. Espero entonces que no te moleste que hayan hecho una triología cinematográfica de El Señor de los Anillos.
Tolkien asiente.
-Si, ya la vi. Supongo que están bien, aunque yo no le hubiese dado tanta importancia a la batalla en el abismo de Helm.
-Para mi fue una gran batalla. Tengo pensado escribir en mi próximo libro lo que yo titulo la Batalla de Hielo.-Martin hace una pausa dramática y se queda esperando a que Tolkien se sorprenda o algo.
Como no lo hace, continúa:
-Quisiera inspirarla un poco en la del abismo de Helm.
Tolkien suspira y se recuesta mejor en su sillón de nubes.
-No se, yo solo puse esa batalla como escusa para hablar sobre cuernavilla, sus cuevas y todo eso. Y también por su desenlace, con los Ucornos llendo al rescate de los hombres, así como Gandalf con el pueblo dividido de Rohan.
Martin se saca una libreta y empieza a anotar.
-Bajo... el Muro... hay cuevas... misteriosas... y unos nuevos... seres... místicos... salvan a la... Guardia de la Noche. Genial.-dice Martin mientras escribe.
-¡Vaya, que forma más extraña tienes de ser creativo!-exclama Tolkien sorprendido.
-Te sorprenderías más si vieses la tele. A la gente le encanta que andes siempre a vueltas y a sorpresas con el argumento. De hecho, muchos acusan a El Señor de los Anillos de ser demasiado lineal y simple, y poco original en el desarrollo de la trama.-dice Martin, a lo que Tolkien niega con la cabeza.
-Nunca pensé en darle importancia al argumento, solo quería que la gente disfrutara con como es la Tierra Media y su conflicto. Al princio solo servía de trasfondo histórico para la lengua élfica que había creado; tenía pensado que al final Saruman se quedara con el anillo. Cuando decidí escribir El Señor de los Anillos le puse final feliz.
-Grave error. Los finales felices ya están muy vistos; es mejor poner sangre por un tubo.
-Como la Boda Roja, ¿no?
-Eso es.-responde Martin levantando el pulgar.
-Bueno, en realidad yo también quería meter suspenso en la escena en que Boca de Sauron le enseña la cota de malla de Frodo a Gandalf, para que los lectores no supiesen si estaba vivo o muerto.
-Debiste haber puesto que enseñase una cabeza bañada en brea.
A Tolkien no le hace ninguna gracia, a lo que Martin responde:
-No, en serio, esas cosas les encanta a los chavales (y a los no tan chavales). Los tengo a todos pendientes de cada mínima frase que escribo.
-Me alegro mucho por tí. Y dime, que total estoy muerto y no gasto dinero comprando tus libros, ¿cómo tienes pensado terminar la saga?
Martin se ríe.
-No se, tenía pensado preguntártelo a tí. Solo tengo ideada la forma morbosa en que voy matar a los personajes más queridos.
Los dos se ríen.
-Yo haría que la Guardia de la Noche resista en una feroz batalla contra los Otros hasta que Daenerys venga y los salve por la retaguardia, cargando a golpe de caballería.-le sugiere Tolkien.
-Escriba lo que escriba van a comprar el libro en masa, igualmente. Tenía pensado jubilarme y contratar a un ejército de monos o algo para que me terminen la saga. Y ahora que lo pienso, no se está tan mal aquí en el cielo, así que le daré a tope al bacon.- comenta recostándose en la nube que tiene por sillón.
-Emmm... bueno, haz lo que quieras. ¿No disfrutas acaso con el simple hecho de escribir?
-Al principio si, pero me cargué a demasiado personajes en Tormenta de Espadas, cerré demasiadas tramas y ahora tengo que andar a reinventar la historia. Total, siete libros es mucho, yo solo quería hacer tres o cuatro al principio. Siete termina cansando.
-Estoy de acuerdo.
-Bueno, Tolkien, estoy seguro de que podríamos estar horas hablando, pero si algo nos ha enseñado El Señor de los Anillos con sus descripciones, es que a la gente no le gusta leer mucho (ni echarle imaginación a nada), y esta conversación va ser publicada en un blog.
-¿Un qué? Bueno, es igual; tienes razón. Quedé con Hitler en el infierno para hablar sobre los puntos buenos que tendría la sociedad de existir solamente la raza aria. Nos vemos, George R.R.... emmm...lo que sea, adiós.
-Adios. Puede que algún día volvamos a mantener un diálogo como este...
Bienvenidos al rincón del emo.
Hola, bienvenidos al rincón del emo. Yo soy el emo, y vengo aquí para hablaros sobre el día a día de mi asquerosa y patética existencia.
Hace dos días me desperté por la mañana con ganas de sublimar mis desgracias (esto es lo que Freud llama a desahogar los pesares mediante la creatividad), de forma que me cree una cuenta en Asco de Vida, y mi intención solo era la de escribir anécdotas malas sobre mi vida, pero a pesar de ello me banearon por spamming. ¡Jo!
Luego me fui a pintar de negro la uñas a mi salón favorito de siempre, pero el tipo nuevo que allí había al parecer no sabe diferenciar emo de homosexual, porque me las pintó de rosa. Triste por esta mala pasada (y por el resto de mi existencia), me fui a la casa de un amigo (el único que tengo) para consumir drogas con la esperanza de que, con un poco de suerte, me diera algo que me hiciera quedar en el sitio. Él me lió un porro y me lo dio para fumar, y así yo lo hice, aunque en realidad era una de las primeras veces que consumía dicha droga, ya que con eso de que me corto las venas día sí y día también, mis padres, que me quieren mucho (¡tanto que me han jodido la vida!), me tienen muy vigilado y andan siempre preocupados (¡como los odio!).
Total, que me coloqué con la droga y en esto que, de tan poco acostumbrado que estaba, le di caladas de más y terminé con un blancón encima muy fuerte, para mi alegría, pues tuve la sensación de que iba a morir. Caí al suelo de lo cansado que estaba y empecé a balbucear que me dieran algo dulce, y es en esto cuando mi amigo me empieza a dar golosinas que allí tenía, no sin antes pasárselas por sus partes íntimas para así reirse de mi estado. Yo las comí igual y, de tan mal que tengo el estómago por esto de consumir pastillas para intentar suicidarme, empecé a vomitar por todo el piso. Vomité en la alfombra, en el sofá, en la pecera, en el pez, en la jaula del ratón, en el ratón, en la caja de la serpiente, en la nevera, por la ventana, encima de mi amigo y, por último, en el retrete.
Luego, mi amigo, todo furioso él, me llevó abajo, a un parque, y metió una jeringuilla en una jaula para perros. Me dijo que, si me pinchaba con ella, moriría. No lo pensé más y me lancé para cogerla, y para mi desgracia, caí en la broma que me tenía allí preparada mi amigo, porque me encerró en la jaula y se fue. Me quedé ahí metido, con una jeringuilla que estaba vacía, acuclillado y en una posición muy incómoda, gritando para que alguien me ayudase. Nadie vino.
Al cabo de dos días mi amigo pasó por ese parque y se divirtió más de lo que se sorprendió al verme todavía allí. Me sacó de la jaula y lo aborrecí por ello, pues ya casi me estaba muriendo de deshidratación. Intenté pegarle, pero las uñas rosas que el tipo me puso eran tan largas que me hice un corte a mí mismo en la palma de la mano y le di tiempo a mi amigo de tirarme al suelo y golpearme. Me dijo que no me volviera a pasar por su casa y que, a ser posible, no le dijera a nadie que nos conocemos.
Y bueno, aquí estoy para contaros esta desgracia. Triste, ¿verdad?
Hace dos días me desperté por la mañana con ganas de sublimar mis desgracias (esto es lo que Freud llama a desahogar los pesares mediante la creatividad), de forma que me cree una cuenta en Asco de Vida, y mi intención solo era la de escribir anécdotas malas sobre mi vida, pero a pesar de ello me banearon por spamming. ¡Jo!
Luego me fui a pintar de negro la uñas a mi salón favorito de siempre, pero el tipo nuevo que allí había al parecer no sabe diferenciar emo de homosexual, porque me las pintó de rosa. Triste por esta mala pasada (y por el resto de mi existencia), me fui a la casa de un amigo (el único que tengo) para consumir drogas con la esperanza de que, con un poco de suerte, me diera algo que me hiciera quedar en el sitio. Él me lió un porro y me lo dio para fumar, y así yo lo hice, aunque en realidad era una de las primeras veces que consumía dicha droga, ya que con eso de que me corto las venas día sí y día también, mis padres, que me quieren mucho (¡tanto que me han jodido la vida!), me tienen muy vigilado y andan siempre preocupados (¡como los odio!).
Total, que me coloqué con la droga y en esto que, de tan poco acostumbrado que estaba, le di caladas de más y terminé con un blancón encima muy fuerte, para mi alegría, pues tuve la sensación de que iba a morir. Caí al suelo de lo cansado que estaba y empecé a balbucear que me dieran algo dulce, y es en esto cuando mi amigo me empieza a dar golosinas que allí tenía, no sin antes pasárselas por sus partes íntimas para así reirse de mi estado. Yo las comí igual y, de tan mal que tengo el estómago por esto de consumir pastillas para intentar suicidarme, empecé a vomitar por todo el piso. Vomité en la alfombra, en el sofá, en la pecera, en el pez, en la jaula del ratón, en el ratón, en la caja de la serpiente, en la nevera, por la ventana, encima de mi amigo y, por último, en el retrete.
Luego, mi amigo, todo furioso él, me llevó abajo, a un parque, y metió una jeringuilla en una jaula para perros. Me dijo que, si me pinchaba con ella, moriría. No lo pensé más y me lancé para cogerla, y para mi desgracia, caí en la broma que me tenía allí preparada mi amigo, porque me encerró en la jaula y se fue. Me quedé ahí metido, con una jeringuilla que estaba vacía, acuclillado y en una posición muy incómoda, gritando para que alguien me ayudase. Nadie vino.
Al cabo de dos días mi amigo pasó por ese parque y se divirtió más de lo que se sorprendió al verme todavía allí. Me sacó de la jaula y lo aborrecí por ello, pues ya casi me estaba muriendo de deshidratación. Intenté pegarle, pero las uñas rosas que el tipo me puso eran tan largas que me hice un corte a mí mismo en la palma de la mano y le di tiempo a mi amigo de tirarme al suelo y golpearme. Me dijo que no me volviera a pasar por su casa y que, a ser posible, no le dijera a nadie que nos conocemos.
Y bueno, aquí estoy para contaros esta desgracia. Triste, ¿verdad?
lunes, 9 de julio de 2012
"He matado a una prostituta con una motosierra. ¡Tuve que hacerlo, casi se escapa!"
Hola, querido amigo o amiga, si es que existes y estás leyendo esta primera publicación de mi blog. A muchos os habrá extrañado la imagen que se puede apreciar en la cabecera de la página, puede incluso que no sepáis si os resulta desagradable o graciosa, con ese Christian Bale que parece que le estén metiendo una escoba por una parte poco recomendable del cuerpo. Pero ese de ahí no es Christian Bale, no; se trata sino de Patrick Bateman, protagonista del libro y posterior película titulados American Psycho (Psicópata Americano).
Muchos ya sabréis de lo que os hablo, pues pocos son los que no han visto a Pat dándole su opinión sobre el grupo "Huey Lewis and the New" a un tipo antes de molerle la cabeza a hachazos. Para los que no, esta novela, escrita en los años noventa por un tal Bret Easton Ellis, nos cuenta la rutina diaria de un yupi (pijo metrosexual rico) de Wall Street que tiene la curiosa manía de matar gente cuando le entra el gusanillo. El autor emplea un estilo bastante burlón con respeto al comportamiento del protagonista, el cual a su vez narra la historia en primera persona usando un tono terriblemente cínico con su círculo social. Es un estilo que, en primera instancia, me recuerda mucho a El Club de la Lucha, de Chuck Palahniuk.
La historia comienza narrando los quehaceres diarios de nuestro queridísimo protagonista: como se dedica al cuidado pulcro de su higiene y de su apariencia física desde primera hora de la mañana, como se reúne en restaurantes de lujo con sus muy pedantes y yupis amigos, como se gasta su muy abundante dinero en lujos, bebidas y cocaína, como insulta a los mendigos que ve en las calles neoyorquinas y sufre ataques de angustia cuando descubre que alguien tiene más estilo que él o algún lujo más caro, y, finalmente, como mata a susodicha persona que considera superior.
Así es Patrick Bateman y así de pedante puede resultar ser, y el autor profundiza en esa mente de pirado describiendo cada pensamiento que tiene de forma naturalista. Así es como descubrimos a un tipo capaz de reconocer hasta la última marca en ropa que llevan las personas de su círculo social, pero incapaz de reconocer a la persona en cuestión, confundiendo siempre a unos con otros, muestra de lo atrapado que está en ese mundo materialista.Y cuando algo que le dicen o hacen no le gusta, en lugar de rechinar los dientes como hacemos la mayoría, se imagina lo divertido que sería arrancarle los ojos, las tripas o clavar su cabeza en una pica.
En definitiva, es una lectura muy cercana a este personaje tan particular, un psicópata con los rollos que tienen los psicópatas por la cabeza pero en un contexto tan apestosamente capitalista que resulta lógico que alguien con sus problemas dé rienda suelta a su maldad.
American Psycho, señores. Gran obra. Y si os da pereza leer, pues mirad la película, que está muy buena y tiene chorros de sangre más chistosos que horrendos. Os contaría más sobre ella, pero tengo que devolver unos videos ;D
Muchos ya sabréis de lo que os hablo, pues pocos son los que no han visto a Pat dándole su opinión sobre el grupo "Huey Lewis and the New" a un tipo antes de molerle la cabeza a hachazos. Para los que no, esta novela, escrita en los años noventa por un tal Bret Easton Ellis, nos cuenta la rutina diaria de un yupi (pijo metrosexual rico) de Wall Street que tiene la curiosa manía de matar gente cuando le entra el gusanillo. El autor emplea un estilo bastante burlón con respeto al comportamiento del protagonista, el cual a su vez narra la historia en primera persona usando un tono terriblemente cínico con su círculo social. Es un estilo que, en primera instancia, me recuerda mucho a El Club de la Lucha, de Chuck Palahniuk.
La historia comienza narrando los quehaceres diarios de nuestro queridísimo protagonista: como se dedica al cuidado pulcro de su higiene y de su apariencia física desde primera hora de la mañana, como se reúne en restaurantes de lujo con sus muy pedantes y yupis amigos, como se gasta su muy abundante dinero en lujos, bebidas y cocaína, como insulta a los mendigos que ve en las calles neoyorquinas y sufre ataques de angustia cuando descubre que alguien tiene más estilo que él o algún lujo más caro, y, finalmente, como mata a susodicha persona que considera superior.
Así es Patrick Bateman y así de pedante puede resultar ser, y el autor profundiza en esa mente de pirado describiendo cada pensamiento que tiene de forma naturalista. Así es como descubrimos a un tipo capaz de reconocer hasta la última marca en ropa que llevan las personas de su círculo social, pero incapaz de reconocer a la persona en cuestión, confundiendo siempre a unos con otros, muestra de lo atrapado que está en ese mundo materialista.Y cuando algo que le dicen o hacen no le gusta, en lugar de rechinar los dientes como hacemos la mayoría, se imagina lo divertido que sería arrancarle los ojos, las tripas o clavar su cabeza en una pica.
En definitiva, es una lectura muy cercana a este personaje tan particular, un psicópata con los rollos que tienen los psicópatas por la cabeza pero en un contexto tan apestosamente capitalista que resulta lógico que alguien con sus problemas dé rienda suelta a su maldad.
American Psycho, señores. Gran obra. Y si os da pereza leer, pues mirad la película, que está muy buena y tiene chorros de sangre más chistosos que horrendos. Os contaría más sobre ella, pero tengo que devolver unos videos ;D
Bienvenidos a mi blog.
Hola, bueno, soy yo y aquí estoy. Me llamo Diego Figueiras, pero podeís llamarme Cagado a Palos si os complace. Y bueno, ya teneís ahí a lado todo lo que necesitáis saber de mí, el resto se puede resumir en menos líneas.
Creé este blog para hablar de cosas, no se, literatura, cine, humor negro como el cola-cao, anécdotas, no se.Para cagarnos en alguien también si surge la ocasión. Ya veremos, no prometo nada, y desde luego, no prometo que publique rápido. Si queréis matamos a alguien, a mi me da igual.
Así que muchos besitos...
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