Este creepypasta lo escribí yo y está basado en un hecho real.
Hace unas semanas, como buen budista que soy, fui de viaje al Tíbet con
unos compañeros. Escalamos aquellas gélidas y rocosas montañas hasta
terminar encontrándonos con una especie de templo perdido entre las
nevadas. Nos metimos dentro, ligeramente extrañados, pues dicho sitio no
venía marcado en los mapas, y allí nos encontramos con lo que parecía
un anciano ermitaño. Tenía el pelo y las uñas muy largos y vestía de
forma humilde, pero nos hizo pasar igualmente y nos ofreció té. Nos
habló largamente sobre la vida y sobre cuestiones existenciales y, de
pronto, al observar las llamas de la chimenea, murmuró algo como “¡vais a
morir todos de formas horribles y muy dolorosas! ¡AAAAH!” y comenzó a
echar espuma por la boca mientras temblaba compulsivamente. Esto nos
pareció un tanto extraño, pero no le dimos mayor importancia y nos fuimos a
dormir.
A la mañana siguiente, nuestro anfitrión nos despidió con cortesía,
aunque percibimos que por algún motivo estaba inquieto. Antes de que
saliésemos por la puerta, me agarró del hombro y me tendió un CD.
“Toma”, me dijo.”El destino te ha elegido para llevar esta carga
contigo. No subestimes su contenido, pues no es un mero videojuego; tu
alma y tu cordura son las que están en juego. Si tienes problemas con la
instalación o con el crack, envíame un email a
ermitaño_misterioso666@hotmail.com, o sino agrégame a facebook.”
Y dichas estas palabras, se perdió entre la penumbra del cuarto.
A los pocos días volví a casa y, agotado por el viaje, prendí el
ordenador que tengo. Entonces me acordé del CD que el anciano me había
dado y rápidamente lo recuperé de mi maleta de viaje, todo lleno de
curiosidad por lo que contenía. Pronto pude observar que se trataba del
videojuego “Aprende con los Lunnis” y, muy ilusionado por ser
este uno de los protagonistas de mi feliz infancia, me puse a
instalarlo.
Así como lo abrí me salió la ventana de instalación, y le di a siguiente
a todo y todo fue normal hasta el momento en que empezó la instalación.
Fue entonces cuando el comienzo de una terrible pesadilla dio lugar.
Se abrió una ventana que ponía algo así como “error. El archivo
2x0000013948328239fasfjasfsakfdjlask no ha sido encontrado”. Extrañado
por esto, y ligeramente asustado, pues se trataba de un juego muy
sencillo que apenas llegaba a los dos megas, volví a comenzar la
instalación. Y una vez más, me salió la maldita ventana. Esta vez di un
brinco en la silla y un perturbador escalofrío me recorrió la espalda.
Cerré rápidamente la ventana y abrí el Google Chrome, y una vez allí, me
puse a hacer lo que cualquier persona haría de estar en mi lugar:
buscar ayuda en yahoo answers.
Pronto di con alguien que se encontraba en la misma situación que yo. El
tipo parecía estar muy asustado a juzgar por sus palabras, pues
escribía sin usar ni comas, ni puntos, ni signos de interrogación; se
comía casi todas las vocales, usaba tantas redundancias que resultaba
ridículo leerlo y sus faltas ortográficas rayaban lo absurdo. Pero lo
peor de todo era que escribía todo en mayúsculas. Noté como un sudor
frío me bajaba por la frente. ¿Qué extraña maldición encerraba aquel
videojuego? La pregunta me inquietaba.
Encontré a alguien que había respondido productivamente dando
instrucciones de como arreglar el juego. Al parecer, había que descargar
una serie de actualizaciones, archivos y programas para hacerlo
funcionar. Así lo hice yo y, una vez todo preparado, y no sin falta de
miedo, decidí volver a intentar abrirlo.
Grave error. Esta vez la pantalla se quedaba toda negra así como el
juego iniciaba. Al principio no me pareció extraño, pero luego esperé, y
esperé, y esperé, y estuve tanto tiempo ahí sentado, mirando a la
pantalla, que incluso me percaté de lo sucia que la tenía y me dispuse a
limpiarla. Y aún una vez que hice esto, el juego seguía sin arrancar.
Se quedaba ahí, con esa profunda negrura, tenebrosa como un pozo
siniestro, sin dar señal alguna de vida.
Terminé por entrar en pánico y, ya harto de aquello, me atreví incluso a
darle a ALT+F4 para cerrar la ventana. Pude sentir como un nudo en la
garganta cuando, después de hacer esto diez veces, el juego seguía sin
responder, ahí anclado en aquella pantalla negra. Le di a la tecla de
inicio, a ESC, a CTRL+ALT+SUPR; lo intenté todo, pero nada ocurría. Fue
entonces cuando perdí los estribos y decidí apagar el ordenador.
Luego, temblando de pies a cabeza, me fui a la cama para pasar una noche llena de pesadillas e insomnio.
Así pasaron los días hasta que me volví a acordar del juego. Una vez
más, busqué ayuda en Internet y, obviamente, la hallé. Al parecer
necesitaba instalar un programa relacionado con los gráficos o algo así;
total, que lo terminé haciendo y me metí a jugar, esta vez ya
prevenido, aunque no por ello falto de temor.
Esta vez no hubo ventana de error ni pantalla negra; para mi sorpresa,
el juego arrancó bien y funcionó como era de esperar. Pasaron unos
minutos y pude disfrutar de este gran clásico. Fueron los últimos
minutos de alegría en mi vida; lo que vino de ahí en adelante fue el
infierno mismo.
El juego dio un pantallaza a windows. Así, sin más. Estaba jugando
tranquilamente y, de un segundo para otro, me encontraba en el
Escritorio, sin ningún tipo de explicación. Volví a arrancar el juego, y
hasta en cinco ocasiones más, este me mandó de vuelta al Escritorio.
Recuerdo que grité, grité mucho y golpee el teclado, e incluso lloré sin
darme cuenta; le di patadas al ordenador y maldije a todo lo que se
puede maldecir. Pasaron horas y mis compañeros de piso me encontraron en
ese estado, con un ataque de ansia muy fuerte. Me llevaron al hospital y
tuve que estar ahí metido unos cuantos días para poder recuperarme.
Antes de volver a casa, el médico me aconsejó que, fuera lo que fuese lo
que había hecho para terminar así, que evitara hacerlo de nuevo. Yo
asentí y le di las gracias, pero lo cierto es que no tenía la más mínima
intención de cumplir mi promesa. Ya no tenía forma de escapar de
aquello. El anciano me lo había advertido en el templo, debí haberle
hecho caso y abandonado aquella locura hacía mucho tiempo, pero ahora,
aquel juego era algo personal.
Llegué a casa, dispuesto a terminar con todo, a hacer lo que hiciese
falta; a enfrentarme mismamente a la muerte, o al demonio, o lo que
fuese que era aquello. Encendí el ordenador e introduje el CD. Y, con un
gran nudo en el corazón, sabiendo que quizás aquello fuese lo último
que hiciese con vida, me puse a jugar.
Las consecuencias fueron nefastas, y todavía en este momento estoy dando
gracias de no haber terminado peor que muerto ante los horrores que
vinieron a continuación. Esta vez, al arrancar el juego y pasar unos
minutos, el programa no saltó al Escritorio; esta vez dio un pantallaza
azul en donde se veían letras y números escritos de color blanco. El
panorama era atormentador.
Solo pude soportarlo unos momentos, y es por eso que sigo vivo, pero por
lo que conseguí leer, windows tenía un error y tuvo que cerrarse. Ya
sin fuerzas en el cuerpo, apagué rápidamente el ordenador y me tiré al
suelo, acurrucado en posición fetal y llorando. Pedía perdón y piedad en
voz alta, con la esperanza de que el monstruo, el demonio o cualquiera
que fuera la ente que me estaba torturando, me pudiese oír y apiadarse
de mí.
Ahora mismo estoy escribiendo esto desde un cíber y, ya para finalizar
este horrible y trágico relato, diré cual fue la respuesta de este ente:
ninguna. No recibiré ningún tipo de piedad. Mi único destino ahora es
volver a mi casa, encender el ordenador, abrir el juego y… acarrear con
las nefastas consecuencias.

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