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miércoles, 18 de julio de 2012

Odio la realidad.

Hola, soy yo, el emo. Odio mi vida.
Después de un par de días en el hospital por el tema de cuando me encerraron en una jaula (mirad la entrada de abajo), vuelvo a colarme aquí, al blog de mi amor platónico CaP, para ejemplificaros la mala intención que el caótico destino tiene para con nosotros, los humanos.

Ayer cagué verde. Llamé a mi buen amigo CaP para que se pasara por mi casa y pudiéramos hablar del tema, pero me dijo que en ese momento estaba ocupado salvando a niños somalíes y que no volvería en tres años. Achaqué la extraña tonalidad de mis excrementos a mis muchos intentos de volverme bohemio tomando absenta y salí sin más a esta mierda de vida.

Como no tengo estudios al abandonar por mi propia voluntad el instituto cuando unos compañeros de aula me rompieron el cráneo, decidí dedicar este banal día a buscar trabajo. Empecé llendo por el Burguer King, lugar en donde no importa que seas borde con los clientes, pero al explicarle a la encargada el motivo por el que requería ese puesto, le empecé a hablar sobre la triste realidad en la que existimos y terminó por llamar a la policía por acoso o algo así. Salí de allí corriendo tan rápido como la vez en que fui a ver Crepúsculo y terminé en un supermercado de cuyo nombre prefiero no acordarme.

Allí me ofrecieron trabajo como reponedor, y hubiese estado en ese puesto mucho tiempo de no ser porque me enamoré de un amigo que allí conocí. Me desnudé ante él (literal y figuradamente) en un momento en que fuimos a tomar la merienda, y él también llamó a la policía, para mi desdicha y mi ya muy destrozado corazón negro. Salí corriendo, sin tiempo siquiera a ponerme la ropa, y hubiese llegado a salvo a casa de no ser porque quedé encerrado en una jaula para perros, otra vez, al intentar atrapar una jeringuilla con veneno, que también era falsa.
Por suerte, mi jefe del supermercado, que es un hombre bueno y compasivo, siguió las huellas de patetismo que fui dejando y me encontró en la jaula y, tras librarme de los gamberros sin sesos ni personalidad que allí me encerraron, me consintió seguir trabajando en su supermercado.
-Tengo un hijo retrasado. Sería un hipócrita de no hacerlo.-me respondió cuando le pregunté del motivo de su generosidad.

Ahora trabajo como cajero, pues mi jefe no podía tolerar que volviera a mi antiguo puesto sabiendo lo que sentía por mi compañero. Soy el único hombre que trabaja de cajero en toda Galicia, pues es un trabajo reservado para mujeres, pero tanto me da. A veces mis compañeras me esconden el traje y tengo que llevar otro que tiene cosido el nombre de una tal "Inés". La gente del barrio me conoce ahora por ese nombre en lugar del que tengo en realidad. Pero tanto me da, pues he descubierto con claridad cuales son mis verdaderos sentimientos: amo a mi jefe, muy a pesar de la diferencia de edad y de rango.
Juro que algún día se lo confesaré y seremos felices juntos y trabajaré a sus órdenes muchos años y abandonaremos juntos este cruel mundo para ir a uno mejor.

1 comentario:

  1. Carajo, y esto nos enseña lo regalados que son esta subespecie. ¡Encierrenlo otra vez y en un laboratorio! A ver si se enamora de los demás conejillos de indias XD

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