Bueno, después de una corta ausencia, vuelvo a ponerme al mando de las teclas y, aprovechando que recientemente se ha estrenado "The Dark Knight Rises", me gustaría volver la mirada atrás para hablar un poco sobre una de las sagas más vanagloriadas de la actualidad: La leyenda de El Caballero Oscuro. Para evitar spoilear a mis muy fervientes y numerosos lectores, no me meteré en detalles sobre la última película en cuestión, que aun acaba de salir del horno, pero sí soltaré algún que otro detalle sobre las otras dos.
Y bien, empecemos; ¿qué es TDK? Os lo voy a decir ahora mismo, amigos. Son unas película de superhéroes, concretamente, de Batman, ese hombre gay vestido con una capa y una careta de murciélago del que tanto nos reíamos en los años 60 y algo, con esa serie tan ingeniosa (y gay) que a día de hoy ya ha pasado a formar parte de la cultura popular. Pero la cuestión no es esa, sino... ¿hará lo mismo TDK? No, no digo ser gay, digo pasar a la historia como una de las mejores películas no solo del género, sino de la historia del cine. Yo digo: la historia se escribe por lo que digan las masas, no por lo que una cosa es o deja de ser. Y si una cosa tiene TDK es una legión de fans que etiquetarán de perfume los pedos de Cristopher Nolan.
Eso es lo que siempre ha sido la saga de ese hombre murciélago que revivió Nolan: una frikada disfrazada del nuevo "El Padrino", todo ello para ir acorde con los gustos de las nuevas generaciones. ¿Las masas están aburridas de las infantiladas y las fantasmadas? Pues le damos otro enfoque. Esa es la esencia de Batman y no hay mucho más que entender. En El Caballero Oscuro, cierto es que teníamos algunos diálogos interesantes sobre cuestiones éticas, con un Jocker cagando a palos hasta la última definición de democracia (y curiosamente Batman y Gordon confirmando sus palabran con ese acto de la última escena), pero eso no significa que la intención de Nolan fuese desde un principio criticar el sistema social de la actualidad ni nada por el estilo (aunque presuma mucho de hacerlo); la verdadera esencia de estas películas es sencilla y llanamente una historia sobre un superhéroe, perteneciente a un género dirigido humildemente para adolescentes y poco más. Están adaptadas a las exigencias del público actual, aparentando poseer una complejidad que no tienen, pero eso no las convierte en mejores al resto. TDK, la de mayor calidad de las tres, no es Watchman, y desde luego, esta tercera secuela tampoco lo es.
Con todo esto no digo que sean películas malas; al contrario, para mi son buenísimas, la segunda marcó mi adolescencia con esas escenas tan míticas que perdurarán en la historia, y la primera fue bastante revolucionaria en su estética; y esta tercera a sido trágica, decadente y apocalíptica desde el primer trailer, el primer segundo de película y lo fue hasta el último. Una triología redonda, cierto, pero no por eso vamos a chuparnos las pollas como si estuviésemos ante el nuevo El Padrino, pues ninguna de las tres son Watchmen; al menos para mí, solo son películas de superhéroes un poco más originales que la mayoría. Podemos compararlas con James Bond, si os complace, pero más de ahí no es ni necesario ni justo.
En resumidas cuentas, cada una de ellas cuenta lo que viene en los comics pero dándole un fondo más humano para reparar un poco el cáncer que sufrió este superhéroe en "Batman Forever" y "Batman&Robin"; en "Batman Begins" parece que se explora el viaje interior de un hombre corriente para intentar hacer el bien que las meras leyes de los mortales no consiguen satisfacer (osea, un gran blablabla para ponerle capa y careta a Cristian Bale). En esta primera entrega, Batman parece menos esbelto y más gordo a como sería en las siguientes películas, muy por ciertamente.
La segunda, ya menos descarada, abandona ese rollo psicológico y filosófico para meterse un poco en lo ético, y en general aquí ya adquiere un toque realmente profundo y no simplemente pretencioso, motivo por el cual es tan afamada y la mejor. Parte de esta fama es debido a que la película se acerca más a un thriller policiaco que a una de superhéroes, y el Jocker se merienda a Batman mientras se ríe en la cara de Harvey Dent.
Y la tercera es mas de lo mismo que la primera pero en lugar de ser el origen es el final, con un climax en el cual no me he corrido y una última escena que trata de compensar esto pero que no lo hace, aunque al menos finaliza la saga con mucha dignidad y manteniendo ese tono decadente que tanto ha caracterizado a la película.
Cada una con sus ingredientes, con sus adornos como si de un árbol de navidad fueran, ni más ni menos.
Pero en definitiva, pienso que si una historia sobre un niño de treinta años que viaja por una galaxia luchando con un tubo fluorescente en las manos ha conseguido mitificarse tanto, ¿por qué no iba esta trilogía a hacer lo mismo? Al fin y al cabo, o mueres como una película de culto, o vives lo suficiente para verte convertida en una pelicula palomitera.



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