Hace unas semanas, un día o dos después de su estreno, fui al cine a ver El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace, todo encantado por ser el desenlace de una trilogía más que decente y que nos ha demostrado que hasta los más adultos pueden disfrutar de este tipo de películas. Y en general, aunque no tanto como su anterior película, es decir, El Caballero Oscuro, esta consiguió gustarme mucho aún a pesar de algún que otro aspecto predecible o decepcionante. Aviso que pondré spoilers. Muchos.
Pues bien, lo primero que hice al llegar al cine fue abrir la cartera y sacar 5,50 €, el precio de la entrada, y ponerlos en el mostrador en donde segundos después había de sacarla. Esperé unos minutos, tiempo que de ser otra película hubiese dedicado a comprar palomitas, coca cola, golosinas de contrabando (en el cine no dejan llevarlas), y cualquier otra inutilidad que solo sirve para alejar la vista de la pantalla unos segundos, cosa que no iba a tolerar para el desenlace de una trilogía como esta.
Luego entré en la sala y, como si en una película me encontrase, me imaginé mi vista panorámica entrando a cámara lenta mientras una música épica suena de fondo (quizás el propio coro que sale en los trailers de esta película), y hasta casi podía sentir la mirada de los espectadores clavadas en mí.
Total, que empezó la película y durante cosa de tres cuartos de hora me maravillé por lo que veía. El prólogo no me impresionó tanto como parece impresionar a la mayoría de personas, en mi opinión era mejor el de la anterior película, con ese Jocker astuto y nihilista, rematando la escena con una referencia a Frederick Nietzsche que nos había de servir para comprender sus acciones a lo largo de toda la película. En esta solo aparece un tipo muy fuerte, Bane, con una voz que a mí francamente me encantó, pues es un tono a ratos terrorífico y a ratos burlón, en la cual podemos ver que está muy fuerte y es muy astuto y sus subordinados son muy fanáticos y tal y cual; pero vamos, está bien sin llegar a la excelencia.
Luego la película nos va introduciendo en un ambiente mucho más gótico que en las dos anteriores, si es que cabe; Bruce Wayne encerrado en su mansión cual jorobado de Notre Damme, Gordon acosado por la conciencia, gente rica que ignora a los pobres... Parece que la victoria de la anterior película ha resultado insulsa, nadie es feliz a pesar de la ahora próspera paz que reina. Alfred llega a compadecerse de un Bruce Wayne que se aburre de ser Bruce Wayne y que parece no buscar otra cosa que morir con la máscara puesta, por lo cual lo abandona al reparar en las nefastas consecuencias de la mentira que le contó en la anterior película; y aparte de depresivo, a este Bruce también lo vemos cojo y falto de salud.
Y no basta con que las mentiras con las cuales han conseguido todos llegar a la paz resulten por perjudicar a quienes las contaron, sino que ahora aparece un nuevo terrorista que parece querer cagar a todos a palos a golpe de puñetazos, balas, bombas y todo eso que suelen hacer los malos.
Así es como, en este ambiente tan nefasto llegamos a un Batman VS Bane con consecuencias todavía más nefastas, con una Catwoman de por medio que, para mí, bien podría sobrar o, mejor aun, ser sustituída por una Harley Queen (la novia del Jocker en los comics), que actúe en nombre de su pareja, para no dejar caer en el olvido de una forma tan cutre a un personaje que nos prometió en la anterior película que volvería.
Total, que cuando llegué a esta parte, en donde todo parecía no poder ir peor, pues Batman fue derrotado en una escena brillante (cada frase de Bane en esta pelea, aunque no son tan profundas como las que solía decir El Jocker, son igualmente sublimes), hacen que uno sienta como un vacío que va desde la garganta hasta el pecho. A Batman lo arruínan, le roban los cachivaches, le dan una somanta, le rompen la espalda (y la careta) y lo encierran en una ruinosa prisión bajo tierra. ¡Cuán desdichado el destino de nuestro valeroso héroe! Y la cosa no queda ahí, pues Bane se las apaña para hacer reinar la anarquía y la locura por toda la ciudad de Gotham, usando para ello un aburrido Deus ex machina que ya sabemos que al final el héroe se las apañará para impedir que detone. Para mí, el rollo de la bomba atómica que solo el malo puede activar me parece una forma muy simple de atajar el argumento, es lo mismo que el secador ese gigante que usó Ras al Ghul en la primera, pero bueno. Lo peor de la película aún no está por llegar, pues antes tenemos una bonita estancia de Batman bajo rejas.
Esta escena es sin dudas la más epica, en donde Bruce Wayne se hace un apaño en la espalda y queda como nuevo a base de flexiones y abdominales. Una forma de salir de prisión a fuerza de voluntad que resulta emotiva, y esta emoción dará paso a la épica cuando, a sabiendas de que solo Bane, con su increíble condición física, fue el único capaz de huír, ahora Batman seguirá sus pasos pero con un propósito completamente opuesto. Esta escena es para mí el auténtico duelo entre los dos personajes, aún a pesar de que estan a cientos de kilómetros de distancia. Pues lo cierto es que ambos usan las mismas armas para escapar, que es ese lado animal e instintivo que tenemos, en este caso el miedo, y Bruce Wayne, en el momento que está en el borde del precipicio a punto de saltar, es exactamente igual a su enemigo, por mucho que uno sea un héroe y el otro un villano. El instinto salvaje de supervivencia los salva a ambos.
Esto puede dar lugar a una pequeña reflexión, pues uno de los fundamentos de la anarquía es que, por naturaleza, los seres humanos somos bondadosos y procuramos el bien para todos, y que es en el momento en que pretendemos ordenarlo todo cuando sucumbimos al mal. Batman a tenido que dejar de intentar ordenarlo todo, es decir, dejar de lado toda su disciplina para dar rienda suelta a ese instinto que habría de salvarlo (aquí incluso podrían haber puesto un flashback de los diálogos del Jocker acerca de la verdadera naturaleza del ser humano...) . Pero luego, una vez fuera, vuelve a imponerse una pequeña disciplina que hace que Batman vuelva para salvar a su ciudad. Quizas esto encierra una pequeña refutación a ese principio de la anarquía: No es solo cuestión de dejar que los instintos naturales nos conduzcan al bien; también es imprescindible usar la razón, la disciplina, el orden, para poder canalizar esos buenos sentimientos hacia el camino correcto. De lo contrario, puedes emplear tus buenos sentimientos para algo maligno, como es el caso de Bane queriendo proteger a la mala final.
Y bueno, blablabla aparte, Batman escapa, como todos sabíamos que iba a hacer un par de minutos antes de que lo hiciese. Hubiese quedado mejor si, justo en el momento en que salta hacia el saliente rocoso, la escena se hubiese cortado para dejarla en suspenso y que luego se viese la reaparición de Batman en Gotham; así se ahorraría una escena que, aunque es épica (sobre todo gracias al coro), también se hace predecible. Pero bueno, yo no soy director de una fuertemente aclamada trilogía, a diferencia de Nolan, así que él sabrá.
Los veinte minutos posteriores a esta magnífica escena se hacen tediosos, son los peores de la cinta; el retorno de Batman no resulta tan emocionante como el director pretendía que fuese, la batalla no se me hizo tan magnificente ni grandiosa como era de esperar, Bane es derrotado y muere sin mucha ciencia ni complejos en una escena más que predecible y decepcionante, y la mala de Origen es también la mala de esta película y luego muere de no me acuerdo que (accidente con camión, a saber), y suelta una última frase en plan villano de Disney y muere como quien se toma un somnífero. Y luego tenemos a un Batman que amarra la bomba nuclear a su cacharro volador, le da un beso a Catwoman, ya sabéis, esa mujer que lo traicionó y por culpa de la cual tuvo que pasar tantas penurias, y se marcha para sacrificarse por el bien de Gotham.
A esto le sigue otra escena que pretendía ser mucho más memorable de lo que realmente fue, la muerte de Batman, que a mí no me causó ninguna sensación verlo volando hacia el horizonte mientras sonaba el tema principal de la trilogía; ni siquiera cuando pusieron ese coro dramático en plan momentazo titanic conseguí sentir algo en el estómago. Quizás deba reconocer que el primer plano de Batman mirando a la pantalla, como quien observa a la muerte entre temeroso y valeroso, me haya impresionado un poco, pero no gran cosa.
Seguramente se deba a que todavía estaba asimilando la cagada de muerte que le dieron a Bane y la aparición de película palomitera de Talia al Ghul, pues eso le restó puntos a la fatídica muerte del hombre murciélago.
Porque sí, Batman muere en esa terrible explosión nuclear de la que evidentemente es imposible huir bajo ninguna circunstancia; ni siquiera si hubiese puesto previamente el piloto automático y salido de alguna forma del cacharro volador en los último segundos, no se habría salvado de una bomba capaz de aniquilar una ciudad entera. Y aunque milagrosa e imposiblemente hubiese escapado, lo más seguro es que a los pocos días las secuelas radiactivas hicieran que le salieran cuatro brazos o un pene en la cara o algo de ese calibre que, evidentemente, lo llevaría a la tumba. Todos sabíamos que el único desenlace satisfactorio de esta trilogía era la muerte de Batman, por más que nos pese.
¿Inspiración de Nolan?
Y bueno, la escena final es muy nolaniana, tal y como le gustan a este director. Me satisficieron bastante estos últimos minutos, encierran la sorpresa de la aparición de Robin, que todos pensábamos que no debía salir en este tipo de películas, y el flashback que le cuenta Alfred a Bruce al principio de la película cobra un sentido mucho más emocionante y dramático que la supuesta muerte nuclear de Batman, es una escena bonita. Y cuando pega el pantallazo final, aunque no te sientes tan al borde del orgasmo como en El Caballero Oscuro o en Origen, sí admites que es un final redondo para la trilogía, aún a pesar de sus pequeñas decepciones.





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