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sábado, 20 de octubre de 2012

Me aburro.

"Me aburro tanto que incluso me he dignado a abrir este cuaderno y escribir cosas en él", escribió Fuckencio mientras un completo y agobiante aburrimiento lo asolaba desde cada una de las cuatro exactas esquinas que constituían su pequeña habitación. Era tan intenso el aburrimiento, que de buena gana agradecería tener a mano deberes y trabajos con los que ocupar su muy inútil tiempo. Pero como no los tenía, se limitaba a escribir chorradas en su cuaderno.
Esto era lo que pensaba en ese momento, y lo que había pensado en el anterior, e incluso lo que pensara horas antes; y seguramente, lo que pensaría horas después. Y el agobio era tan grande que no le permitía dormir ni relajarse de ninguna otra forma; tenía la sensación de que su cerebro procesaba millones de pensamientos por segundo. Y su cuerpo parecía estar produciendo reacciones químicas en todo momento, como una fábrica coreana activa las veinticuatro horas del día. Y el corazón bombeaba sangre de una forma desagradablemente palpable, y el estómago rugía cargado de ácido corrosivo, y el cerebro parecía un horno de alta presión; y el tiempo se convirtió en una densa y sobrecogedora atmósfera en donde costaba trabajo respirar.
A así persistiría el agobiante aburrimiento durante horas y horas y horas, con las cuatro exactas esquinas del cuarto ensanchándose cada vez más y un Fuckencio atrapado entre ellas. "No se me ocurre qué más escribir", terminó de escribir en su cuaderno mientras trataba de pensar en alguna otra forma de pasar el tiempo, sin obtener ningún resultado durante horas enteras.

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